
Lucio Financial Copilot
Lleva la cuenta de lo que entra, lo que sale y lo que debes apartar — desde tu teléfono, en lo que te tardas sentado en la troca antes de arrancar.
Ninguna de estas cosas se trata de ser malo con el dinero. Todas se tratan de andar ocupado, y de un sistema que da por hecho que tienes oficina.
El papel térmico se borra. Un recibo de junio muchas veces ya está en blanco para diciembre. Cada recibo borrado es una deducción que pagaste con dinero real y que ya no puedes comprobar.
Apartas “algo” de dinero. En abril te enteras si ese “algo” alcanzó. No hay forma de saberlo antes, así que no lo sabes.
Necesitas una W-9 de un señor al que le pagaste en efectivo en junio y no has visto desde entonces. No contesta. La necesitabas en junio y nada te avisó.
El 1099 de un cliente dice que te pagó más de lo que recuerdas. No tienes registro con qué compararlo, así que o lo aceptas o discutes de memoria.
Un lugar donde poner cada dólar que pasa por tu negocio, y una forma de ver qué significa mientras todavía puedes hacer algo al respecto.
No es un programa de contabilidad que necesita un curso para usarse. No declara impuestos. Es lo que hace que cuando te sientes con tu contador, le entregues una carpeta en lugar de una caja de zapatos — y las horas que te cobra se vayan a tu declaración en lugar de a ordenar tus recibos.
El Copilot es una mitad de SnapLink. Esta es la otra mitad — y es la mitad que tus clientes de verdad tocan.
Cada negocio en SnapLink recibe un perfil: una página, un toque. Ponlo en una tarjeta, en una calcomanía de la troca, en un letrero en el mostrador. El cliente acerca su teléfono y ahí está todo lo que necesita — nada que descargar, nada que instalar, nada que escribir.
Los clientes piden trabajo directo desde la página, en español o en inglés. Las solicitudes llegan a un solo lugar en vez de andar regadas entre mensajes, buzón de voz y un papelito en el tablero.
Zelle, Cash App, Venmo, Square — lo que de verdad uses, todo en un solo lugar. Nadie tiene que preguntarte cómo pagarte, y dejas de escribir el mismo usuario veinte veces al mes.
Un toque a tu página de reseñas de Google, justo cuando el trabajo quedó y están a gusto contigo. Ese es el único momento en que alguien escribe una reseña.
Tu tarjeta de contacto se guarda en su teléfono con un toque. La próxima vez que te necesiten, estás en sus contactos con el nombre de tu negocio en vez de enterrado en un mensaje de marzo.
Sitio web, redes, lista de precios, menú, contraseña del WiFi, cómo llegar. Un solo enlace que nunca cambia, aunque cambie todo lo que está detrás.
Todos los que alguna vez tocaron son gente a la que le puedes mandar una campaña. Una semana floja deja de ser algo que simplemente te pasa.
Cada toque, cada escaneo y cada contacto se cuenta. Te enteras de cuál calcomanía sí da y cuál fueron cuarenta dólares que no vuelves a gastar.
La solicitud que entra por tu perfil es el trabajo. El pago que registras contra ella es tu ingreso. El recibo que fotografías de camino a casa es el costo. Para cuando llegas al paquete de fin de año, los tres ya están conectados — porque desde el primer toque todo fue un solo lugar.
Cinco cosas. Cada una existe por una manera específica en que los negocios chicos pierden dinero.
01
Lo que entra y lo que sale, registrado cuando pasa en lugar de recordado después.
La diferencia entre las deducciones que reclamas y las que puedes comprobar es un registro hecho el mismo día.
02
Toma una foto de toda la guantera de una vez y deja que se lean solos.
Los recibos que nunca capturas son los que más te cuestan, porque son los que sí gastaste.
03
El número que necesitas en abril, visible desde febrero.
El dinero que ya gastaste no se puede apartar. El único momento útil para ver este número es temprano.
04
La carrera de enero, movida a un mes en el que la gente todavía contesta el teléfono.
Una W-9 es fácil de conseguir de alguien que quiere volver a trabajar contigo, y casi imposible de conseguir en enero.
05
Un botón. Todo lo que te pide tu contador.
El tiempo de tu contador es caro. Entregarle una carpeta terminada es la hora más barata que vas a comprar.
Te lo estamos diciendo en el anuncio de venta. Eso debería decirte algo de cómo está hecho el resto.
Un programa que le dice a un dueño de negocio cuánto debe de impuestos o está equivocado o tiene licencia. Este organiza tus registros para que alguien calificado pueda contestar esa pregunta rápido. Esa es la versión honesta de este producto, y es la que estás comprando.
No es una capa de traducción pegada a una app en inglés. Los dos idiomas son iguales de principio a fin — los botones, los avisos, las razones por las que se marcó un recibo, y el PDF que imprimes para tu contador.
Zelle, Cash App, Venmo, Square, efectivo, cheque. Anticipos y saldos. Como de verdad se paga el trabajo de servicio, no como quisiera un programa de facturas.
El material comprado para un trabajo y nunca marcado como cobrado al cliente se suma y se te muestra. Ese es dinero que ya gastaste en el proyecto de otra persona y nunca cobraste.
Los registros de cada negocio están separados a nivel de base de datos, y la separación se vuelve a verificar en cada petición — no solo cuando entras. Tus subcontratistas, tus gastos y tus totales no los ve nadie más en la plataforma.
Si te llega un 1099 y traes recibos en la troca, se hizo para ti.
Qué bueno — quédate con él. Esto no lo reemplaza, esto es lo que le entregas. Casi todo lo que le pagas a un contador a fin de año son las horas que se lleva convirtiendo tu montón en una lista. Esto le da la lista.
Entonces ya sabes cómo se pone en marzo, cuando una fórmula está corrida un renglón y no te acuerdas de qué fue un cargo de $212 en agosto. Esto no hay que abrirlo para que siga funcionando — tomas foto del recibo y sigues.
Dos toques para un gasto. Los recibos se escanean en montón en lugar de uno por uno. La idea es justamente que quepa en los noventa segundos que sí tienes, no en una noche que nunca le ibas a dar.
Entonces úsalo en español. Cada pantalla, cada aviso, y el resumen de fin de año que imprimes. No deberías tener que leer un segundo idioma para entender tu propio dinero.
Nosotros tampoco. El lector de recibos te llena la forma y ahí se detiene. Tú la ves y la confirmas. Nada entra a tus libros sin que una persona esté de acuerdo, y lo que la máquina dijo originalmente se guarda junto a tu corrección para que siempre puedas ver la diferencia.
Los números de identificación fiscal completos nunca se guardan. El sistema guarda el tipo y los últimos cuatro dígitos — suficiente para distinguir a dos personas, no suficiente para que valga la pena robarlo. El número real se queda en el documento W-9.
No. Muchos negocios empiezan solo con el perfil, porque es la parte que ven los clientes y se paga solo la primera vez que alguien aparta trabajo desde ahí. La parte del dinero se prende cuando los recibos se empiezan a juntar. Es la misma cuenta de todos modos — la segunda mitad no se vuelve a configurar, simplemente aparece.
Lo corriges antes de confirmar, que es el paso que existe exactamente para esto. Los recibos de los que no estuvo seguro se marcan con la razón. Los recibos de los que sí estuvo seguro también los tienes que confirmar tú.
Una plática corta sobre cómo le pagan a tu negocio y si esto te acomoda. Sin compromiso y sin presión.